Kevin, creciendo con amor
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Durante los 90', muchas familias argentinas, ante la decisión trascendental
de ponerle un nombre a sus hijos, eligieron el internacional "Kevin". La
idea d...
Estación Constitución (borde orgánico) y tren Roca. Corte de vías en estación Plátanos. Trenes hasta Quilmes. Micro 159, Avenida Mitre. Berazategui por Avenida Rigolleau. Vueltas por las callecitas de Beraza que tienen ese no sé qué. Camino Belgrano al fin, José María Gutiérrez: Rotonda de Alpargatas. Un gaucho sin nombre que ofrece su tarjeta SUBE: Costera Metropolitana. Camino Centenario. Estación City Bell. Sacar la bicicleta del guardabicis.
Cuatro horas y media para llegar a casa.
Claro y evidente: en la vida en soledad, la mente, el pensamiento, la carrera alucinada e idiota del hámster en su rueda, se van comiendo de a poco todo lo que pueda ser su "objeto". Junto con todo eso, hasta el cuerpo pierde entidad. Nos va tragando la irrealidad.
Observé recién una pareja abrazándose en el salón de espera, antes de un viaje que, no sé, tal vez los separará o tal vez los unirá en una aventura. Se tocaban, se palpaban, sin deseo, sin ansia. Parecían estar confirmándose, como ciegos.
Te toco, luego, existo.
Como consecuencia de la acción proselitista del mismo amigo que me dijo a mi que escuchaba música de viejo, mi hijo ha descubierto Kiss. "Ja, Kiss era viejo cuando yo tenía tu edad!", le dije. Qué viejo estoy.
Cosa que no puedo tomarme en serio, Kiss. Como no puede ser de otro modo, la canción favorita es "I was made to love you". Esa canción en particular adolece (y resulta tan apropiado el verbo en este caso) de toda una serie de defectos que básicamente podrían resumirse en una inconsistencia profunda que sólo nos autoriza a entender la canción como el momento cúlmine en que el sentido del humor de los setenta logra la síntesis estéril de sus dos grandes tendencias, inventando el disco metal, subgénero que, afortunadamente, no dejó herederos.
"Fui hecho para amarte" tiene esa guitarra a la Ozzy Osbourne al principio, que nos promete satánicos personajes maquillados con sus guitarras colgando a la altura de las rodillas para que, a los pocos compases un Gene Simmons haga ingresar en la pantalla de nuestra mente, de la mano de su bajo inequívocamente disco, un John Travolta de fiebre de sábado a la noche. Todo en la canción está fuera de registro, de lugar, de escala: la letra de amor empalagoso, la melodía que no envidiaría César Banana Pueyrredón, los coritos sin letra. No way. Esto no es rock, esto no es música, esto no es serio.
(Entre paréntesis, la canción me retrotrae a mis propios doce años, cuando la música dividía a los hermanos mayores de mis amigos entre los que escuchaban Kiss y los que escuchaban Queen, oposición que hoy no podemos advertir sino falaz, sino un único y ubicuo kitsch de los tardíos setenta y los primeros ochenta.)
Entonces pienso en el lugar en que me descubro, pienso en los doce años de mi pibe y en algo que, de alguna manera, me alegra: el rock sigue siendo eso que, por su música, su actitud y su puesta en escena, irrita a tu padre.
(Más la escucho, más la pienso, más genial me parece, más me gusta).
(14 estados de Facebook)
"Vera! Vera! What has become of you?"
#Tener 41 años y estar viviendo eso que llaman "la madurez" tiene altibajos. Entre las contras, por ejemplo: sí, me terminaron doliendo los pies y la espalda. Y no pude reencontrarme con la inocencia de los 17.
#”Govierno”, escrito así, con “v”, en la panza del chancho volador, se me impuso como el piolín indiscreto en medio de la más apabullante perfección técnica mediante el cual todo el entramado de este The Wall, como decimos en buen criollo, mostró la hilacha.
#Roger Waters logra el milagro de reducir The Wall a un alegato antifascista pueril y convencional, inocuo, sobre todo, subrayado aquí y allí por perogrulladas al mejor estilo U2. Resalta todas las líneas obvias, no se priva de ningún golpe bajo, y se permite citar de manera explicita a “1984”. ¿Alguien le podría explicar al señor Waters que 1984 es ya un libro “viejo”? Aún necesario, tal vez, como don o testigo que les pasemos los viejos a los más jóvenes, pero viejo al fin. Un énfasis de senilidad que, para mí, desenmascaró a tres vejetes sobre el escenario: Orwell, The Wall y Roger Waters.
#¿Puede un artista no haber comprendido su propia obra? ¿Quién la comprendió?
#No obstante, hay algo tan poderoso en The Wall que aún este pueril alegato antifascista no lo logra diluir: contrariamente a muy consolidadas tradiciones que vinculan el fascismo con la figura de un Padre tiránico, Waters postula que la sociedad de vigilancia es algo que debe relacionarse con la figura de la Madre obsesiva (un “grafitti” pintado -proyectado- en la “pared” durante la ejecución de, si la memoria no me falla, Run like hell, mostraba la frase “Big Brother is watching you” con las letras “Br” tachadas y reemplazadas por una “M”).
#Cosas que se pueden “hacer” con The Wall: ¿del Nombre del Padre como fundamento de la Ley al Nombre del Padre como fuente de resistencia?
#Comentario de mi niño, ante el muñeco de la esposa: “Tiene brazos de mantis”. “Si”. “¿Sabés que después del apareamiento se comen al macho?” (juro que me lo dijo así: “apareamiento”). “Si, es así”. “Es para alimentar a las crías”. “Eso dicen ellas, hijo”. Él se río de lo que le pareció un chiste. Yo confronté mi lado oscuro.
#El guitarrista que “hace de Gilmour” se la re-banca.
#Me desilusioné igual. Yo esperaba el milagro.
#No dejó de resultarme más o menos romántico este amoroso encuentro entre un artista británico antibelicista y un público argentino. No sé exactamente de qué podría ser signo ese romance, pero ahí estábamos.
#¿Podría Waters hacer The Final Cut en Argentina? ¿Sería eso un gesto político “real” o más proyecciones sobre una pared de utilería? Mejor aún: ¿podría una “banda tributo” argentina hacer The Final Cut en Londres?
#El momento en que la pared se viene abajo no deja de ser muy emocionante. Placer infantil de la repetición.
#Hubo, por suerte, otros tantos momentos en los cuales logré olvidar la frase de Marx sobre la historia (aquella sobre sus primeras y sus segundas veces). Canté a los gritos: Mother, Another brick, Vera, One of my turns. Y Comfortbly numb, claro.
#Ok: puedo decir al fin que estuve ahí, que ví a la mejor banda tributo a Pink Floyd que existe. Mi hijo salió de River con su remera y una ciega marca: The Wall, River Plate, marzo de 2012. Como dije antes, qué pueda significar ese signo es ahora su parte.
Es el cansancio de los músculos que, en la duermevela, se transforma en un sueño. Estoy en la calle, cerca de mi casa, y huyo de algo. Deseo avanzar rápidamente. Comienzo a dar grandes zancadas, pero el movimiento es como una coreografía que remedara la acción de correr: me desplazo lentamente. El esfuerzo por vencer la inercia y acelerar es insoportable. Me pesa el cuerpo, los músculos no responden. Me caigo. Inmediatamente me levanto, y para lograr avanzar intento ayudarme braceando, como si nadara. Siento el aire denso pasar entre mis dedos, con el peso y la densidad del agua. No avanzo. Intento serenarme, porque el sueño es angustiante y la frustración enorme. Lentamente, casi arrastrándome, sintiendo el simple aire pesar sobre mi, sintiendo los músculos agarrotados por la fatiga extrema, llego a mi casa, atravieso mi patio, entro a mi cuarto, me arrojo en la cama. A pesar del agotamiento, no me duermo. De hecho, me despierto. Tengo los músculos acalambrados por un esfuerzo, exhaustos, adoloridos...
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