20 noviembre, 2009

Lucas Pizarro y sus pretenciones helenísticas

Pienso en Tiresias. Por si no lo tienen, es un viejo adivino griego, ciego como tantos adivinos, profetas y oráculos, que, nacido hombre, fue convertido en mujer y luego en hombre nuevamente. Interviene en multitud de historias de la mitologìa griega clásica, pero de todas las anécdotas que lo involucran, me detengo hoy en la que narra el lance en que se juega la vista.

Resulta que Zeus y Hera mantenían una disputa acerca de quién obtenía más placer durante el coito, si el hombre o la mujer. Zeus, que no sólo es un masculino sino que también representa al principio masculino, sostenía que la mujer goza más. Hera, que no sólo es femenina sino que encarna al principio femenino, afirmaba que el hombre obtenía más placer.

No sé si ustedes observan en esta escena lo mismo que veo yo: tanto Zeus como Hera afirman que el otro goza más. Aquello de que el jardín del vecino siempre es más verde.

Para dirimir la diferencia, convocan al único mortal que ha tenido ambas experiencias. Tiresias se pronuncia: por cada diez partes de placer que la mujer obtiene, el hombre obtiene una. Hera estalla de furia y lo ciega.

¿Por qué se enfurece Hera? En esa furia encuentro un elemento en esta historia que me perturba aún más que la pretención de Tiresias de cuantificar el placer. La explicación tradicional, la que me fue fácil encontrar en una superficial navegación por internet, dice que Hera no toleró que un mortal le diera la razón a Zeus.

Como los dioses griegos llegan a nosotros como personajes celosos y competitivos, esta explicación podría bastar. Pero me queda cierta inquietud y se me ocurren otras.

Por ejemplo, que Hera enfurece porque no puede admitir la respuesta de Tiresias, ya que ella sabe, y lo que sabe es que el mortal no tiene idea y sólo busca agradar a Zeus.

Por el contrario, podría ser que sea cierto que las mujeres gozan más y Hera no le puede admitir a Tiresias que traicione una especie de secreto de género. Esta hipótesis supone que Tiresias sí sabe, y puede, en consecuencia, revelar lo que la diosa insiste en mantener oculto.

Pero se me ocurre todavía otra explicación, la que más me gusta: Hera, además de celosa y de femenina, es orgullosa, y castiga la arrogancia de Tiresias, su inmodestia de pretender que pueda saber, que pueda saber lo que las potencias celestiales olímpicamente ignoran.

No sé si ustedes ven lo mismo que veo yo: ni los dioses saben quién goza más. Y quien pretenda que sabe, comete pecado de arrogancia: ya estaba ciego.

16 octubre, 2009

Nace el impulso de decir algo en el momento en que las palabras huelgan (huelgan, se niegan a hacer su trabajo, bajan los brazos, resisten). Angustia y desconcierto, no tenemos crédito de futuro. Aquí, sin embargo, es el lugar, en este espacio de electrones que él contribuyó a poblar de almas.

Ave, Hernán.

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15 octubre, 2009



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08 octubre, 2009

No creerías las cosas que he hecho por ella

Melvin: Tengo un cumplido para vos, es algo que pasó.

Carol: Me da miedo que vayas a decir algo desagradable...

Melvin: No seas pesimista, no es tu estilo. Bueno, es así: yo tengo esto... digamos, ¿una enfermedad? Mi doctor, un petiso al que iba a ver todo el tiempo, me dijo que, en el 50 o 60% de los casos, una pastilla realmente ayuda. Yo odio las pastillas, son cosas jodidas, las odio. Y estoy usando la palabra "odio", ahora, para las pastillas. Odio. Bueno: mi cumplido es que aquella noche cuando viniste y me dijiste que vos nunca... bueno, estabas ahí, sabés lo que dijiste. Mi cumpido para vos es que, a la mañana siguiente, empecé a tomar las pastillas.

Carol: No entiendo por qué eso sería un cumplido para mí.

Melvin: Vos hacés que yo quiera ser un hombre mejor.

Carol: Ese es tal vez el mejor cumplido de mi vida.

Melvin: Bueno. Por ahí exageré un poco. Apunté el tiro como para lograr que no te vayas...

Son Jack Nicholson y Helen Hunt, en Mejor Imposible.

22 septiembre, 2009

Descartes

De las diversas formas del voyeurismo que el uso regular del transporte público facilita, la de pispear qué leen los compañeros de viaje es una que practico desvergonzadamente.

En un mar de fondo de browns, grishams y cohelos, cierta vez descubrí una tapa revestida en cuero, un papel grueso y amarillento, una página llena de subrayados: alguien leía, encadenado a La Plata, el Discurso del Método. ¿Quién puede leer en el micro a Descartes? ¿Para qué? ¿Cómo es su vida, cuáles son sus sueños, cuáles sus preocupaciones?

No abundaré en la hipótesis de la superioridad de tal o cual literatura sobre otra. No esta vez, al menos. No es porque sea Descartes y le otorgue un valor intrínseco superior o algo así. Fue la ocurrencia de lo improbable lo que llamó mi atención.

Me fijé en la gracia de algo como una voz que, sin esperarla, brota de eso que parece ruido blanco, como las figuras que uno a veces escoge adivinar en la estática del televisor, conjurando la indiferencia, el caos.

18 septiembre, 2009

Friday Mood Blues

¿Y si me levantara y saliera trotando? ¿si de pronto me pusiera a cantar? ¿si saliera por la puerta sin decir hasta luego y me mandara a mudar? ¿si hiciera algo? Algo, algo que debe ser hecho para que el tiempo pase sin que uno se detenga a medirlo, discreto, pudoroso y confiado (confiado de que no necesita andar haciéndose notar). Para llenar globos de helio es necesario respirar burbujas y espirar incandescencias. Sin embargo, los globos esperan turno y se amontonan contra el cielo raso. Un globo más un globo más un globo y el espacio aéreo del cuarto se va achicando, su límite superior va bajando y una nebulosa de globos de helio se convierte en un entorno apropiado para salir trotando, ponerse a cantar o cualquier otra cosa, esa cosa que se supone que es lo que sí, lo que llevará tu alma a la estratósfera, a celestialidades indiscutibles, más allá de los globos de helio.

Quizás mañana.

13 septiembre, 2009

Ayudando con un examen de ciencias

(y dejando claro el concepto de rima consonante)

Reptiles y anfibios, clasificación

Yo soy un anfibio,
y siento gran alivio,
sobre el piso tibio,
en lo de Tito Livio.

Yo soy un anuro,
y no tengo un duro,
vivo sin apuro:
me cuelgo del muro.

Soy el urodelo:
no tengo ni un pelo
ruedo por el suelo
de lo de mi abuelo.

Entre los reptiles,
los hay muy febriles,
suman mil abriles,
fuman en narguiles.

Yo soy un quelonio.
Me llamo Polonio.
Vivo en San Antonio.
Me gusta el otoño.

Este es un ofidio,
raro bicho libio,
busca el piso tibio
junto a los anfibios.

Y ese es crocodílido.
Es un poco tímido
y se pone lívido
si lo buscan vívido.

Y con rincocéfalo,
busco por mi encéfalo
sólo encuentro "acéfalo",
"macro" o "microcéfalo".

Y nos queda un saurio
de corto anecdotario;
juega en un armario
y se siente otario.

(Todo lo cual debe recitarse al ritmo de una monótona cantinela de mi invención o tramposa memoria que, por suerte, no tengo con qué grabar, si no, ¡¡¡ahhh!!, también les sacudía, vean)

(PS: al nene le fue bien con el examen).